MILES + BRAVEHEART. Rock Palace (Madrid)

El 1 de mayo se presentó la oportunidad de disfrutar con el directo de MILES, banda cuyo último disco me había impactado notablemente. Así que allá me fui, muy bien acompañado, y dispuesto para ver como podían convertir sus complejas y psicodélicas composiciones en un espectáculo en vivo.

Este día MILES actuaban como teloneros de los brasileños BRAVEHEART, que se encuentran en plena gira de celebración por su 25º aniversario. Debo apuntar que yo no conocía de nada a los brasileños, ni tan siquiera en disco, pues no he escuchado ni uno solo de ellos. Así que mi interés principal se centraba en MILES y comprobar cuanto de auténtico hay en su último y elaborado trabajo “First To Come, Last To Know”.

Cartel del evento… ¿Stoner Rock?

El evento estaba anunciado como una fiesta de stoner rock, lo cual me hace sonreír y me apena a partes iguales. En primer lugar, porque esa noche nadie tocó stoner rock en esa sala, una etiqueta inventada en los 90 para renombrar a una forma de hacer música que en los 70 ya practicaron los pioneros de muchas cosas Black Sabbath y Pentagram (por ejemplo). En segundo lugar porque intentan vender como una fiesta lo que no lo era. Se trataba de un concierto con un artista internacional que nos visita, abierto por una banda local. No hubo ni más ni menos que eso. Intentar vender eso como una fiesta me parece tan absurdo como intentar vender cualquier acontecimiento artístico (exposición pictórica, escultórica, ó presentación de un libro) como una fiesta. No enumeraré los detalles que hacen que una fiesta sea una fiesta, pues creo que son obvios. En fin, un intento comercial engañoso para intentar atraer al público con una idea que alguien piensa que puede ser atractiva.

Por fin, tras una tensa espera, MILES se suben al escenario de Rock Palace con toda la elegancia y paciencia, de quien tiene un arduo trabajo por delante, y quiere dar el cien por cien. Según tengo entendido, llevaban mucho tiempo sin tocar.

Sin darnos cuenta, se inicia la creación de sonidos que te obligan a poner tu vista y oído a máximo rendimiento. Cada uno de los músicos inicia su ritual interpretativo, buscando saciar la creatividad personal pero creando el acompañamiento adecuado a sus compañeros.

David tiene una idea muy emocional de como tratar las seis cuerdas, buscando transmitir emociones, bien con sonidos distorsionados y repetitivos que te generan rabia y frustración, u otros más turbadores y sensibles, buscando la calma tensa. Ambas formas de interpretar se alternan e interrelacionan en un músico con vocación de emocionar con su música. Luismi, al bajo, y Juan, en la batería, no son precisamente una base rítmica propiamente dicha. Es interesante ver como Luismi trabaja su bajo como si de una guitarra tratara, acompañando a la otra guitarra en los momentos necesarios, pero pidiendo su propio protagonismo en otros. Ni Luismi ni David nos mostraron grandes exhibiciones técnicas, pues el objetivo es transmitir emociones, y arrastrar al público en su viaje, ambas cuestiones son prioritarias, anteponiéndolas al ego personal. Esto no quiere decir que no demostraran saber manejar primorosamente sus instrumentos, pues esto es imprescindible para el planteamiento artístico de MILES.

MILES sobre el escenario de la sala Rock Palace

Por su parte Juan, aparentemente libre del habitual nexo que une al batería con el bajo, sí que dio tremendas dosis de técnica percutora. En ocasiones con técnicas de jazz, de rock, o metaleras, otras con enfurecidos y desinhibidos ataques acelerados, Juan dio el do de pecho, viviendo y sufriendo cada golpe, mostrándose parte indisoluble del objetivo común de mover la nave, con el público a bordo, para llevarnos a toda potencia a través de los espacios siderales.

Mención aparte merece la sorprendente Ruth. Vocalista y piloto de la nave, disfrutando de la conducción, vibrando con cada cambio dimensional, transmitiendo su emocional interpretación del mensaje MILES. Es interesante destacar que Ruth, más allá del mensaje verbal, utiliza sus cuerdas vocales como un instrumento más, en ocasiones con la rabia de un riff, machacando la mente del oyente, en otras con la contundencia de la percusión, con gol

Set-list de MILES, rescatado debajo de un pie de micro.

pes de voz que te descubren una nueva emoción en el viaje, y en otras disfrutando de la suavidad que transmiten las grandes llanuras espaciales. Una mujer carismática capaz de tirarse al suelo cuando el mensaje le duele, o desafiar a la audiencia cuando le vence la rabia.

Casi toda la actuación estuvo integrada por canciones de su disco “First To Come, Last To Know”, aunque algunas no las reconocí. Lo cierto es que poco importaba qué canciones fueran. Al igual que me pasa con su disco, su concierto fue un viaje. MILES ponen una banda sonora a tu imaginación para que tu mente decida a donde quiere viajar. Si su primer disco era más grunge, tanto este último doble CD como su actuación son una remembranza del rock psicodélico de los 70, aquel space rock que practicaron Hawkwind, aunque también encontré en MILES sonidos afines a los inicios de bandas como Pink Floyd ó Led Zeppelin. También están sazonados con algo del punk británico de hace cuatro décadas, y un poco de grunge, aunque muy diluido.

Para redondear la descarga, en la última canción David y Luismi se intercambiaron los instrumentos, dando prueba de la versatilidad en la que se mueven estos jóvenes amigos y creadores.

Cuando terminaron, no pude evitar un suspiro, como si hubiera estado conteniendo la respiración hasta ese momento. Pasión, creatividad y técnica al servicio del arte son las señas de identidad de una banda con la que estoy disfrutando mucho. Sin duda, un excelente presente, y un extraordinario potencial, si tienen la suerte y oportunidad de poder demostrarlo.

Llegados a este punto, yo ya estaba plenamente satisfecho de la noche. ¿BraveHeart? Bueno… en ese momento pensaba, “los vemos empezar y si son un rollo nos piramos”. Desde luego, había que darles una oportunidad a estos brasileños con 25 años de historia. Yo había buscado música de ellos en youtube, por no ir en blanco, y lo que había escuchado no me había llamado la atención. Mucho acústico. Poca melodía. En fin, que no les pillé la onda en esos vídeos.

Durante la actuación de MILES, ya se les había visto en la sala, presentes y disfrutando de la actuación de los madrileños. Sobre todo al gigante Michael Bahr, voz y bajo, con sus dos metros de altura (calculado a ojo de buen cubero, pues no llevaba un flexómetro a mano).

Sin más preámbulos que la lógica desconexión y conexión de instrumentos, se subieron al escenario este trio de brasileños, que nos dieron la bienvenida a su show de heavy rock (Sigo sin ver el stoner por ningún lado). Si Michael Bahr destaca por su descomunal presencia, con la altura de Blackie Lawless, la barba de Lemmy, y la voz y el bajo de James Hetfield; el guitarrista Marcos Camillo lo hace por su gorro de cowboy y su indudable estilo sureño de tocar la guitarra. El batería Silvio Filho apenas era percibido, tras estos dos atrayentes personajes en primera fila, pero se hizo valer con un trabajo de percusión ajustado a lo que pedía la música.

BRAVEHEART, tienen una idea de la música antagónica de MILES en muchos sentidos y eso despertó el interés del respetable, que comenzó a mostrar interés, canción tras canción. Sin duda en la variedad está el gusto.

La imagen puede contener: 3 personas, personas de pieOfrecen un show heavy, orientado a la música rock que se practica en el sur de EE.UU. Por momentos tenías la sensación de estar viendo una mezcla entre Metallica con Kansas ó Lynnyrd Skynnyrd. Me sorprendió lo parecido del timbre de Michael, con el de James Hetfield, y sonando a Metallica de forma descarada. Esto, en combinación con el rock sureño del guitarrista Marcos, me pareció algo original, que daba personalidad a la banda. Recordemos que llevan haciendo esto desde el 92. Su música está claramente creada para divertir, para crear un ambiente de fiesta en el que la gente baile, cante y se olvide de todo por un rato… ¡y lo consiguieron! No sé en qué momento empecé a bailar y cantar las canciones, que no conocía de nada, pero de repente me descubrí a mí mismo practicando mi penoso air guitar, sudando, y cantando los estribillos como si me fuera la vida. Cada vez más cerca del escenario, pues hasta ese momento el espacio entre escenario y público había sido quizás mayor del deseable, todo el público se fue animando y, para cuando me di cuenta de como me habían conquistado, toda la Rock Palace estaba igualmente en pleno jolgorio. El momento cumbre llegó con el último tema, Cold Mind, que yo había escuchado en youtube y me había dicho muy poco. En directo ganó muchos enteros, como el resto de los temas, y supuso la apoteosis final.

Finalizado el show, el batería hizo un selfie de la banda con el público detrás. Me hubiera hecho mucha ilusión ver esa instantánea, pero lamentablemente no la han publicado en sus redes sociales.

Cara B de la púa de Michael Bahr, obtenida directamente de sus manos.

Cara A de la púa de Michael Bahr, obtenida directamente de sus manos.

El gran placer al que jamás renunciaré es poder tocar a los músicos, felicitarles o no, y sentir como cada artista vibra, disfruta o sufre en el desarrollo de su arte. Yo reivindico absolutamente los conciertos en salas pequeñas, por encima de los grandes eventos, que a mí jamás me han satisfecho como estos otros. Poder hablar con los chicos de MILES, mirarles a los ojos, preguntarles alguna cosilla, ó darles tu opinión, y volver a mirarles a los ojos (que siempre dicen más que las palabras), es un placer incomparable. Y lo mismo con BRAVEHEART. Ver a esa mole humana que es Michael, disfrutando como un niño pequeño, al ver nuestro propio disfrute, es algo que no tiene comparación. Estoy convencido que si hubiera visto a BRAVEHEART en un lugar más grande, no me lo habría pasado tan bien, ni habría disfrutado tanto; y si hubiera visto a MILES en un lugar de miles de asistentes, probablemente no hubiera sentido lo mismo.

Solo puedo terminar esta crónica con un grito que siempre llevo en mi interior, pero que ese día sentía más fuerte que nunca…

¡VIVA LA MÚSICA!

 

CARLOS TREVIÑO COBO

 

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